Punto y coma, el que se equivocó ¡se embroma!

Un invento siempre es bienvenido, aunque muchas veces causa complicaciones que hacen necesario otro invento. Uno de estos casos es la palabra escrita, que si se la lee de corrido puede dar lugar a confusiones, ya sean cómicas o fatales. Por eso hicieron falta los signos ortográficos o de puntuación, cuya invención se atribuye al erudito griego Aristófanes de Bizancio (250-180 AC) cuando dirigió a la antigua Biblioteca de Alejandría ¿Qué mejor que un bibliotecario para evitar las confusiones por escrito?.

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La Biblioteca de Alejandría, en Egipto, reunía los textos griegos más valiosos de la Antigüedad, ya sean de literatura y matemáticas como de astronomía y medicina, entre otras ciencias. Aritófanes se dio cuenta de que los textos estaban escritos de corrido, sin pausas que dieran el mejor sentido y la intención de sus autores, como era el caso de las obras de Homero.

Para ayudar a la mejor comprensión de la Odisea y la Ilíada homéricas, Aristófanes ideó un sistema que se componía de tres tipos de puntuación:

– Los puntos solos para separar versos o indicar el final de una frase.

– Los puntos o pasos cortos para marcar una pausa dentro de una frase, el origen de la coma que usamos hoy.

– Los puntos o pasos largos, equivalentes los dos puntos o al punto y coma que ahora usamos para indicar una pausa más larga entre una parte y otra de un párrafo.

Estos tres simples signos hicieron más fácil la lectura de las obras griegas y hacia el siglo II antes de Cristo pasaron a ser utilizados por los romanos. Con el correr de los tiempos fueron también usados por otros idiomas latinos, como el español, italiano, el francés y el rumano hasta expandirse por casi todas las lenguas más habladas.

El sistema de Aristófanes se fue ampliando con la incorporación de otros signos, como por ejemplo los de interrogación, de exclamación y los paréntesis. La imprenta de tipos móviles, inventada por el orfebre alemán Johannes Gutenberg (1398–1468) hacia 1450, hizo que el uso de los signos ortográficos se multiplicara aún más por todo el mundo.

En “La coma, esa puerta giratoria del pensamiento”, el escritor argentino Julio Cortázar advierte que este signo “puede ser una pausa” en un texto, pero también “hacer desaparecer” el dinero (no es lo mismo 23,40 que 2,34 pesos) o “crear héroes: eso solo, él lo resuelve” que es muy diferente que “eso, solo él lo resuelve”.

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Y muchas cosas más: cuentan que el rey Carlos V estaba a punto de firmar una sentencia que decía: “Perdón imposible, que cumpla su condena”. Pero, con la pluma en la mano, se quedó un momento pensativo y resolvió cambiar la coma de lugar y firmar la sentencia con un “Perdón, imposible que cumpla su condena” ¡y así se salvó el condenado!

Según la Real Academia Española, los signos de puntuación son: la coma, el punto, el punto y coma, los dos puntos, los puntos suspensivos, los signos de exclamación, los signos de interrogación, los paréntesis, los corchetes, las comillas y la raya. Además están los llamados signos auxiliares, como la llave, la barra, el guion, el asterisco, la diéresis o la tilde.

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