¡Piedra libre a los microbios!

Al comerciante holandés Anton van Leeuwenhoek  le preocupaba tanto la calidad de las telas que compraba y vendía que inventó un microscopio para revisarlas en detalle, pero  terminó descubriendo a los microorganismos, esos seres que andan por todos lados y son tan tan pequeños que no podemos ver a simple vista. ¡Y fue así que se convirtió en científico!

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Anton Van Leeuwenhoek

 

Van Leeuwenhoek (1632–1723) fue un pionero en la biología celular y la microbiología:  también descubrió los glóbulos rojos que dan color a la sangre, el ciclo vital de las hormigas, el más mínimo detalle del aguijón de las abejas y del cuerpo de las pulgas, entre otros importantes hallazgos para la ciencia en los siglos XVII y XVIII.

Mientras se dedicaba al comercio de telas, decidió aprender los secretos de la fabricación y pulido del vidrio para crear mejores lupas con las que revisar la calidad de sus productos. Así, inventó un novedoso sistema de pequeñas lentes colocadas una a continuación de la otra y con un visor por el que mirar. ¡Una cadena de pequeñas lupas!

Y a fuerza se agregar cada vez más lupas, van Leeuwenhoek llegó a crear un potente microscopio con el que quedó sorprendido al ver la gran cantidad de seres que se movían dentro de una minúscula gota de agua. ¡El vendedor de telas fue probablemente la primera persona que pudo ver a las bacterias y otros microorganismos! Como no tenía formación científica, nadie hacía demasiado caso a sus descubrimientos.

“Se puede ver cómo el buen Leeuwenhoeck no se cansa de hurgar por todas partes hasta donde su microscopio alcanza, y si buena parte de otros mucho más sabios hubieran dedicado el mismo esfuerzo, el descubrimiento de cosas bellas iría mucho más lejos”, aseguró Constantin Huygens  (1596 –1687), uno de los principales poetas clásicos del Siglo de Oro holandés y padre del físico, astrónomo y matemático Christiaan Huygens (1629-1695).

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En 1673,  el médico y anatomista holandés Regnier de Graaf (1641-1673)  aceptó presentar los hallazgos de van Leeuwenhoek  a la Real Sociedad de Ciencias de Londres.  En esa presentación ante los mienbros de la prestigiosa sociedad científica británica  se exponía en detalle la estructura del moho que forman minúsculos hongos, así como la forma del aguijón de la abeja.

A partir de ese momento, el vendedor de telas mantuvo una relación de 40 años con la Real Sociedad británica, que lo admitió como miembro en 1680. El vendedor de telas holandés fue además aceptado por la Academia de Ciencias de París en 1699. Todos sus hallazgos, los comunicaba por carta a las sociedades científicas.

A lo largo de su vida, Van Leeuwenhoek construyó más de 350 tipos de microscopios, de los cuales donó 26 a la Real Sociedad. Pero la asociación científica nunca los usó y los instrumentos terminaron perdiéndose. El comerciante holandés no dejó ninguna explicación sobre sus métodos de fabricación de las lentes. Los secretos de los microscopios “sólo los guardo para mí”, decía. Por eso pasaron muchas décadas hasta que otros inventores construyeran microscopios tan buenos o mejores que los suyos.

Consigna:

 ¿Qué te gustaría mirar con un microscopio y por qué?

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